
En San Antonio de los Baños crece la indignación tras la aparición de imágenes que muestran a una de las inspectoras municipales señalada por prácticas de corrupción y abuso de poder. Según denuncian vecinos y comerciantes, la funcionaria acostumbra a visitar negocios privados para “negociar” su parte, mientras que para cumplir con su plan diario de multas se dirige luego hacia los más vulnerables: ancianos que venden unos pocos mangos, aguacates o cualquier producto mínimo para poder comprarse un trozo de pan. Mientras los negocios con recursos reciben trato preferencial, los vendedores indefensos terminan cargando con sanciones desproporcionadas. El caso, lejos de ser aislado, refleja un patrón de inspectores que operan con impunidad, alimentando un sistema donde la corrupción pesa más que la justicia.















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