En San Antonio de los Baños, aquel pueblo que encendió por primera vez el valor colectivo del 11 de julio, muchos vecinos recuerdan a un agente de la PNR que, amparado por el respaldo absoluto de un gobierno acusado por organizaciones internacionales de restringir libertades, ejercía su autoridad como un instrumento de miedo. Según testimonios de residentes, este policía actuaba con una dureza desproporcionada contra los mismos ciudadanos que debía proteger, convirtiéndose en símbolo del abuso cotidiano que empujó a la gente a salir a las calles. Para muchos, su figura representa la fractura dolorosa de un país donde un cubano puede golpear a otro bajo órdenes del poder, y donde la dignidad del pueblo termina enfrentándose a quienes deberían garantizarla.
Policía cubana arremete contra su propio pueblo en un nuevo episodio de abuso















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